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Los taxistas se encuentran en un asfixiante momento al no lograr unas recaudaciones mínimas.

No han vivido nada igual. Están afrontando maratonianas jornadas de trabajo tras las que apenas obtienen beneficios; un día así y al otro también. Y eso está dando lugar a una situación cada vez más insostenible, que se está traduciendo en una desesperación generalizada por buscar posibles soluciones y una mayor estabilidad en sus empresas de cuatro ruedas. El taxi está recorriendo actualmente su peor carrera.

La clave de todo el problema es una enorme saturación de vehículos prestando este servicio público en la ciudad. Prácticamente, hay el doble de taxis de los que deberían existir para que la actividad fuera viable. A eso se le suma las carencias económicas de prácticamente toda la ciudadanía, lo que ha rebajado al extremo la demanda. Y por eso, se hace más que necesario regular de alguna forma la actividad: horarios, descansos, asalariados… Muchas claves sobre la mesa para lograr un acuerdo que por el momento se resiste.

Y mientras, el taxista sigue en la calle diez o doce horas diarias intentando recaudar el dinero suficiente para hacer frente a los gastos. A pesar de ser uno de los servicios de taxi más baratos del país, la poca población existente y la crisis económica está reduciendo al mínimo la actividad del gremio. Ellos mismos aseguran haber quedado únicamente para las personas mayores y para casos de urgencia. Pero claro, 224 taxis nada más que para esos dos supuestos es toda una exageración.

Por eso, reclaman una regulación del servicio en la que no se ponen de acuerdo. Y reclaman también una mayor atención del Ayuntamiento por este servicio de transporte público. En este particular, critican la existencia de un Buhobús gratuito para jóvenes durante las noches de los fines de semana, “y encima con vigilante privado y todo”; critican que los servicios interurbanos tengan varias paradas en la ciudad, “porque eso lo que hace es quitarnos trabajo a nosotros”; o reclaman que se habilite un carril especial para taxis y autobuses “para evitar las colas y retenciones y lograr así un servicio más rápido que resulte otro atractivo para que el consumidor utilice el taxi”.

Todas estas son ideas que emergen de la desesperación, reclamos de atención de un sector que se siente olvidado, disparos al aire en busca de solucionar un problema que tiene nombres y apellidos, que afecta a alrededor de 300 familias y que viene ocasionando importantes dificultades siquiera para llegar a fin de mes, como reflejan algunos de los taxistas y asalariados que exponen su situación en este reportaje.

Jesús Rivas. TAXISTA. “Si tuviera una avería mañana, tendría que pedirle el dinero a mi suegro”

Cada mañana, a eso de las siete y media u ocho menos cuarto, empieza Jesús Rivas su jornada en el taxi, que no estaciona hasta las diez y media u once de la noche, “cuando ya no puedo más”. En todas esas horas, dice que el jueves hizo de beneficio 36 euros. “Hay veces que nos da una hora y media en la parada para nada. La situación es insostenible”, afirma Jesús, que no duda en decir que si le saliera de nuevo la oportunidad de conducir un camión (como estuvo haciendo hace años) “me iba con los ojos cerrados”. Según sus cálculos, si la situación no remonta a lo largo de este año, “a final de año tengo que vender”. Pero el problema se agrava aún más: “si mañana tengo una avería y sobrepasa los 300 o 400 euros, tengo que pedirle el favor a mi suegro porque no puedo. Y me daría vergüenza tener que pedírselo a un hombre de 81 años que vive de su pensión”.

Fernando Lago. ASALARIADO. “Hay días que te llevas 6 euros a casa después de doce horas”

“No es que tengamos dificultades para llegar a fin de mes, sino para llegar al día 10″, responde Fernando Lago a la pregunta sobre la situación actual. “Las recaudaciones son muy bajas y estamos siempre con el temor a que el rendimiento no sea bueno y nos quedemos sin trabajo”, explica. Y es que Lago es un asalariado, no titular de licencia. De hecho, es el presidente de la recién creada asociación que lucha principalmente “porque no se pierda ni un solo puesto de trabajo en el sector”.
Fernando lleva diez años conduciendo el taxi, pese a lo que tiene contrato temporal. “He pensado en dejarlo y buscar otras opciones; pero después de tantos años, ¿adónde voy a ir?”, se pregunta, recordando que “muchas familias tienen este como único ingreso, por eso nos aferramos a este trabajo”.

Moncho Frade. TAXISTA. “Esta situación psicológicamente me está consumiendo”

“¿Que cuál es mi situación? Es demencial. Psicológicamente me está consumiendo”. Así responde Moncho Frade a la pregunta sobre la realidad de un taxista en Cádiz en estos tiempos. Frade indica que en otros tiempos “hacíamos 100 euros brutos en un día, y ahora te llevas para casa 40, 50 o 60 euros”. A diario, Moncho deja a sus dos pequeños en el colegio y a las nueve de la mañana empieza a funcionar hasta las diez o las once de la noche. “Y los fines de semana echo 15 o 16 horas. Y porque no tengo más cuerpo”, explica, incluyendo un importante matiz a su trabajo: “antes te quedabas un par de horas más y te rentaba; ahora te quedas y es para nada”.
Moncho lleva 24 años con taxi, tiempo en el que ya conoció la crisis del 92, “que comparada con esta es Walt Disney”. Y ante esta situación, el peor efecto para este taxista es su casa. “Te vas para casa y te llevas los problemas, sigues dándole vueltas a la cabeza a todo esto. Psicológicamente te consume”, insiste Frade, que también reconoce que la situación afecta bastante en el plano económico, donde hay que hacer recortes de todo tipo. “Estoy comiendo muchos días en casa de mi madre o de mi suegra, porque es que no llegamos”, lamenta Moncho, que reconoce tener “siempre en mente quitarme del medio si surgiera la oportunidad”.

Alfonso Pérez. ASALARIADO. “Lo peor es llegar a casa y decir que no hay recaudación”

La relación de Alfonso Pérez con el taxi es de ida y vuelta. En los años 90 ya trabajó durante tres ejercicios como taxista (asalariado), pero lo dejó por un empleo en mejores condiciones en Canarias. Después de once años, tuvo que regresar a Cádiz, ya por la crisis, y volvió al taxi, en el que trabaja de cuatro de la tarde a cuatro de la madrugada. “El día es bastante difícil. Pero lo peor es llegar a casa y decirle a tu mujer que no llevas recaudación ninguna. Eso es lo más difícil”, asegura Alfonso, que lamenta que esto “ocurre demasiadas veces”, lo que ocasiona “un drama en casa” y hace que “no se puedan afrontar algunos pagos, porque es que no hay ni para comer”. Alfonso dice haber pensado alguna vez en dejar el taxi, “pero irme al paro y agotar la ayuda es para mí un fracaso”.

Silvia Molinillo. TAXISTA. “A veces tardo hora u hora y media en hacer una carrera”

Silvia Molinillo es una de las cuatro mujeres taxistas que tienen licencia en Cádiz. Lleva siete años en el gremio, y ha pasado de ver una profesión que le permitía vivir cómodamente a “no llegar a cubrir gastos”. “Me puedo tirar doce horas diarias trabajando, pero es que a veces tardo una hora u hora y media en hacer una carrera. Y es una carrera mínima de 3,59 euros”, explica. Silvia incluso tuvo asalariados a su cargo durante un tiempo, “pero ya no puedo porque me cuesta el dinero”. Ahora, en cambio, “vas trapicheando, un mes pagas una cosa, luego otra… Y con deudas. Y con miedo”, concluye.

Fco. Moreno. ASALARIADO. “La situación es muy difícil, sobre todo con dos niños”

Francisco Moreno lleva más de seis años trabajando como asalariado (con un contrato indefinido) en un taxi. Y cada vez le cuesta más “tirar para adelante”. “La situación es muy difícil, sobre todo con dos niños, como tengo yo”, dice. La única forma de hacerlo para Alfonso es “como imagino que ocurrirá en todas las casas: compras lo más barato, y si hay que comer mucha habichuela y mucho arroz, se come”. Además, la estrategia determina que hay que empezar a aplazar pagos y distribuir al céntimo los gastos. “Si viene el recibo de la luz y no tienes dinero, esperas a que te llegue el aviso de corte para pagar. No nos queda otra opción”, reconoce Francisco, que asegura que a pesar de las maratonianas jornadas de trabajo, “el consumo es psicológico más que físico”.
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Jesús Rivas, con su taxi en la parada situada junto al Club de Tenis.

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Fernando Lago, junto al taxi en la Zona Franca.

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Moncho Frade, delante de su vehículo en la plaza de la Catedral.

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Jesús Rivas, con su taxi en la parada situada junto al Club de Tenis.

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Fernando Lago, junto al taxi en la Zona Franca.

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Moncho Frade, delante de su vehículo en la plaza de la Catedral.

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