A las 13 horas del pasado domingo Jesús, un taxista que iba a trabajar como todos los domingos, en una de las rondas fue parado por un hombre de 40 años, que le pidió llevarle a su domicilio. Jesús accedió y el taxímetro comenzó a contar. Para el conductor era inevitable dirigir la mirada al retrovisor y observar si aquel hombre se encontraba en condiciones. El pasajero llevaba un vaso de tubo que aseguró a Jesús ser «agua», cuando a mitad de camino afirmaba «encontrarse mal». «Me he pasado con la droga» se quejaba. Jesús que continuaba observando por el retrovisor le preguntó por su estado de salud, y el hombre se echó la mano al pecho y le reclamó que le llevara al hospital más cercano.El taxista se dirigió inmediatamente al Hospital Doctor Peset Alexandre, donde hizo muestras evidentes de que se trataba de un infarto, por lo que los celadores y sanitarios de urgencia se apresuraron a su encuentro. «Creía que se me moría en el coche» comentó asustado Jesús. «Somos un servicio público y estamos para todo y para todos», reivindicó aquel taxista que humildemente reaccionó ante una situación en la que la vida de un hombre estaba en juego

por Secretario

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