Taxi VS Uber: ¿quién ganará?

POR MIGUEL TOMÁS

Algo se mueve en el mundo del taxi. Los conductores de Madrid han vuelto a protestar esta semana para mostrar su total rechazo a la llegada de la aplicación Ubera la capital. A la marcha, que transcurrió desde la Glorieta de Atocha hasta la Plaza de Cibeles, acudieron también profesionales de otras ciudades españolas. Esta manifestación se suma a la que en julio secundaron unos 4.000 taxistas de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Sevilla, Málaga y Valladolid. También hubo movilizaciones en otras ciudades europeas.

¿Por qué están en pie de guerra? El demonio se llama Uber, una aplicación para móviles que posee inversores como Google o Goldman Sachs y que conecta a conductores con pasajeros. Funciona en ciudades de casi 40 países, entre ellas Barcelona, donde está presente desde mayo. A Madrid llegó a finales de septiembre rodeada de polémica y entre medidas para multar a sus conductores por operar sin licencia.

Su funcionamiento es sencillo: a través de la plataforma, el usuario detecta a conductores anónimos que se ofrecen en su zona para trasladarle con su vehículo particular a cambio de una cantidad de dinero.

Para que un conductor pueda entrar en este circuito debe aportar a la empresa Uber una serie de datos personales y los de su coche, para que el pasajero pueda elegir el que más le guste. El usuario paga con una tarjeta asociada a la cuenta de la aplicación o por Paypal. La compañía se queda con una comisión de un 20% sobre el precio del trayecto.

Las tarifas dependen de cada ciudad. En Madrid, por ejemplo, hay una base de un euro, más 15 céntimos por cada minuto de viaje más 65 céntimos por cada kilómetro. El smartphone hace las veces de taxímetro. Los usuarios afirman que usando la aplicación ahorran entre un 25% y un 30% con respecto al taxi.

LOS ARGUMENTOS DE LOS TAXISTAS

Este servicio ha indignado a los taxistas, que ven en él una clara competencia desleal. Subrayan que, mientras que para usar Uber sólo hace falta un móvil y un coche, ellos deben tener una licencia cuyo precio puede variar desde los 80.000 a los 200.000 euros. Añaden que, para conseguirla, deben tener un carné de conducir profesional, un seguro de responsabilidad civil por 50 millones de euros, tarifas fijadas por la administración y estar dado de alta en la seguridad social.

“Aquí, o jugamos todos con las mismas cartas o no jugamos”, se queja Jesús Fernández, vicepresidente de la Federación Profesional del Taxi de Madrid, la organización que convocó la protesta esta semana.

En su opinión, los servicios que ofrece el taxi son muy superiores a los de Uber: “Si pasa cualquier cosa, tú en todo momento estás protegido. Con tu coche puedes tener un seguro a terceros. Yo voy contigo, me rompo una pierna y ya veríamos si cobro o no. Tendría que denunciar. Conmigo, desde el momento en que te coge la ambulancia ya estás cubierto por mi póliza hasta 50 millones de euros”, argumenta.

Además, rechaza una de las críticas más habituales que se les hace a los taxistas: que intentan estafar al usuario, por ejemplo, dando rodeos para llegar al destino. “Un cliente de taxi se sube, le echa un vistazo a la licencia y con esa licencia llamas a la policía y a mí me tienen tan localizado que hasta me sacan el número de pie”, asegura.

Tampoco está de acuerdo con que, como insinuó el ministro de Economía, Luis de Guindos, los taxistas sean alérgicos a los avances tecnológicos. Cita aplicaciones de móvil como MyTaxi y Hailo y asegura que la tecnología es “una parte fundamental” de su trabajo. “A lo mejor es que tenemos que llevar el coche fantástico”, se queja.

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UNA HISTORIA EN CADA CIUDAD

Con su protesta, los taxistas piden a las administraciones que pongan freno a Uber sancionando a la empresa y no a los conductores que la utilizan, como ocurre hasta ahora. La Dirección General de Transportes de la Comunidad de Madrid ha avisado de que quien lleve pasajeros usando esta aplicación se exponen a multas de hasta 6.000 euros, que aumentarían hasta los 18.000 en caso de ser reincidentes. La semana pasada, los inspectores madrileños ya cazaron a un conductor.

En Barcelona, el Govern va a modificar la ley del taxi para inmovilizar durante tres meses los coches de los conductores. Es un paso más en la guerra contra Uber de la Generalitat, que pone multas de 4.000 euros. De momento, estas medidas no han servido para acabar con un servicio que, se calcula, cuenta con entre 700 y 800 conductores en la capital catalana.

Bruselas no tiene una posición clara al respecto y deja la pelota en el tejado de cada país. La comisaria europea de Agenda Digital, Neelie Kroes, aseguró que “Uber no es el enemigo de los taxistas” y señaló que es necesario que se tome el camino del diálogo porque “las huelgas no solucionan nada”.

En Londres la aplicación ya es legal. En Alemania la situación es más compleja: a primeros de septiembre, la Audiencia Provincial de Fráncfort vetó la actividad de Uber en el país y la amenazó con una multa de hasta 250.000 euros. Pero el mismo tribunal concluyó después, tras abordar el recurso de la compañía, que no había razón para una prohibición exprés.

En EEUU, de donde procede la aplicación, la situación no es muy diferente. San Francisco, Los Ángeles, Boston, Nueva York y Seattle se han opuesto con fuerza, aunque el parlamento californiano fue en septiembre de 2013 el primero en EEUU en dar el paso y aprobar una regulación que ampara los servicios de Uber.

“NO HAY LIMBO LEGAL”

Aunque algunos expertos argumentan que Uber se beneficia de una especie de limbo legal porque hace algo que no está regulada en ninguna ley, la Comunidad de Madrid lo niega y ya ha abierto un expediente sancionador a la empresa porque no ha aportado la documentación acreditativa para hacer esta actividad.

“No pasaría nada si estuviesen dados de alta para prestar servicios de transporte de viajeros y si sus conductores tuvieran licencia. Pero es que ahora mismo no tienen licencia para operar”, subrayan fuentes de la Comunidad. Añaden que, aunque sería posible multar también a los usuarios de la aplicación, no tienen previsto hacerlo.

Esas mismas fuentes aseguran que no es lo mismo el caso de Uber que otros como el ‘car sharing’, que potencia el propio Ayuntamiento de Madrid, o como Blablacar. ”No es lo mismo que tú y yo quedemos para compartir un coche y entre los dos asumamos los gastos que tú me estés cobrando a mí y por medio haya una un pago a una empresa”, afirman.

UBER: “QUE ACTUALICEN SUS REGULACIONES”

Alan Giménez, portavoz de Uber, no responde a por qué la empresa no ha remitido a Madrid la documentación y asegura que su “compromiso” es “asegurar que los madrileños puedan moverse por la ciudad de una manera fiable y a precios asequibles”.

Uber argumenta su legalidad en que ofrece transporte privado particular. Sin embargo, la Ley de ordenación de los transportes terrestres señala que eso es sólo aplicable a los desplazamientos por carretera “de carácter personal o doméstico del titular del vehículo y sus allegados”.

Giménez explica que el revuelo que se ha montado se debe a que la aplicación “está revolucionando un mercado que históricamente no ha contado con competencia” y asegura que están “aportando más alternativas y haciendo crecer el mercado”. “Invitamos a los legisladores a actualizar sus regulaciones acorde a la erasmartphone“, argumenta Giménez.

Un vistazo a las opiniones de los usuarios sobre la aplicación revela un alto grado de satisfacción (puntuación media de 4,2 sobre 5 en Google Play), aunque un buen número asegura haber tenido problemas porque el conductor no conocía la ruta que debía seguir para llegar al destino.

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Álvaro Pérez, que utilizó Uber a los pocos días de su llegada a Madrid, es uno de esos clientes satisfechos. “Encontró un conductor a dos minutos de distancia y la aplicación me fue mostrando cuánto le faltaba para llegar. Cuando llegó, me mostró en el mapa dónde estaba el coche para ir a cogerlo. Muy cómodo”, explica.

Ese conductor, dice, tenía una valoración de 4,1 sobre cinco. Asegura que fue “muy simpático y amable” y que le dejó elegir música, le explicó cómo podría ver la ruta óptima programada por GPS, le sugirió cambios por si creía que había un camino mejor y le dejó comprobar que, efectivamente, la iba siguiendo. “Sin margen a estafa posible”, dice.

El precio de la ruta, afirma, fue de seis euros dos euros más barato que cuando la hace en taxi. “Un 25% menos, calcula”. Álvaro sólo pone un ‘pero’ a Uber: “Me sentiría más cómodo usándolo si supiera que está correctamente integrado en el marco legal”. Parece que tendrá que esperar

Publicado por Infotaxi.