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El gremio apremia al ayuntamiento a evitar el daño a la imagen de BCN

Chóferes se alzan contra la comisión para cazar turistas en los hoteles

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

LUNES, 17 DE MARZO DEL 2014

La Urbana interviene en una discusión entre taxistas frente a un hotel de la zona del Fòrum, el miércoles pasado.

La Urbana interviene en una discusión entre taxistas frente a un hotel de la zona del Fòrum, el miércoles pasado.

En una Barcelona en la que el turismo tiene un papel cada vez más significativo, el rol del taxi quizás merezca una revisión y algo más de atención. Parecerá exagerado afirmar que este transporte es determinante en una actividad económica que supone el 16% del PIB de la ciudad, pero al tratarse del primer y último rostro con el que trata un visitante, puede que tenerlo en cuenta sea más una necesidad que una voluntad.

En la capital catalana se pagan desde hace 30 años comisiones a los hoteles a cambio de lograr servicios, un dinero que luego se carga al cliente, mayormente extranjero, de manera fraudulenta. Es un mal endémico de manual, y nunca nadie, ninguna Administración, ningún ente judicial o policial, ha logrado ponerle fin. Un grupo de taxistas que se hacen llamar Elite lo están intentando desde hace algunos meses. Taxistas contra las trampas del taxi. Pero, ¿por qué el área metropolitana, y más concretamente, su presidente y alcalde de Barcelona, orillan el problema si el turismo es una prioridad absoluta?

SIN RESPUESTA / A principios de febrero, Xavier Trias presidía un acto en el que se presentaba una aplicación móvil para que los clientes del taxi puedan calcular el precio de su carrera. Preguntado por este diario sobre la creación de una tarifa única para ir al aeropuerto, una herramienta que ayudaría a asestar un golpe a las comisiones ilegales, el alcalde dio un paso atrás y eludió responder, cediendo la palabra al concejal de Movilidad. Se le insistió en que era un asunto de ciudad, no un tecnicismo gremial, y que la cuestión bien merecía su opinión. No hubo respuesta.

Si bien es cierto que durante el congreso de móviles no se recibieron quejas sobre timos del taxi, la práctica de pagar entre 3 y 10 euros al conserje de un hotel a cambio de llamar a una radioemisora concreta y servirle en bandeja un par de turistas es algo muy habitual. Tan ilegal como dañino para Barcelona, pues el chófer, en su afán por recuperar esa pequeña inversión, cargará el aguinaldo al cliente gracias al arte del birlibirloque con el taxímetro.

«UN ROBO EN TODA REGLA» / Cuenta Alberto Álvarez que hará cosa de tres meses un par de compañeros le propusieron iniciar esta campaña en la que ya participan cerca de 70 chóferes. El objetivo, dice, no es otro que el de «limpiar la imagen del taxi». Se han organizado ahora y no antes porque la crisis todo lo amplifica. Si años atrás era visto como un pequeño plus que adornaba un buen sueldo, ahora, con un 30% menos de trabajo, se considera «un robo en toda regla». «Esta gente no son compañeros, son ladrones, y tampoco entendemos que el alcalde no haga nada cuando la imagen de la ciudad resulta tan dañada. Lo saben y pasan».

Según Alberto, opinión que comparten varios líderes sindicales del sector, más del 80% de los hoteles y pensiones de Barcelona son comisionistas, algo difícil de demostrar porque todo se hace en negro. El problema es que la mayoría de los afectados no presentan denuncia y se van con el cabreo a casa. Elite ya ha actuado en varios hoteles, sobre todo en el Fòrum. Cuando ven un taxi comisionista, se acercan, entregan un papel informativo al cliente y echan al tramposo, que alega que la ley le permite encochar a un cliente que haya concertado el servicio. La Urbana y los Mossos ya han tenido que intervenir en varias ocasiones. «No te extrañe si al final tenemos un problema serio», advierte Álvarez.

Que hayan pasado 30 años y que sean los propios taxistas los que se alcen contra sí mismos tiene varias explicaciones. La primera, un Instituto Metropolitano del Taxi (IMT) que asegura que hace lo que puede con pocos recursos. Su gerente, Eduard Ràmia, explica que actúan hasta donde alcanza su competencia, esto es, el cobro excesivo a un cliente. El problema es que el IMT solo cuenta con dos inspectores para controlar 10.500 licencias. Eso se corregirá con tres vigilantes más en las próximas semanas, aunque lo ideal, sostiene, sería contar «con hasta 15 inspectores, y si fuera posible, uno o dos fijos en El Prat y en Sants».

Defiende Ràmia que el movimiento de dinero a través de comisiones, de producirse, es un delito contra el que debería actuar la Agencia Tributaria. Tampoco ayuda que la Generalitat lleve un retraso de cuatro años en la elaboración de una ley que regule las emisoras de taxi, a las que el sector culpa de todo. Al parecer, la norma está en la fase de revisión.

ESCURRIR EL BULTO / La ley del taxi, del 2003, se limita a instar al Govern a «determinar por reglamento las condiciones de la contratación del servicio de emisoras de radiotaxi», una forma de escurrir el bulto. «Como IMT no podemos hacer más, es necesaria una norma que llevamos tiempo pidiendo», detalla Ràmia.

Por parte del Gremi d’Hotels de Barcelona, su director, Manel Casals, comparte la importancia de cuidar al turista desde el momento en el que aterriza hasta que abandona la ciudad, y señala que el timo de las comisiones, que condena, es «un fenómeno que va a menos gracias a aplicaciones de móvil» como MyTaxi o Hailo, que permiten reservar el transporte con el teléfono.

No opinan igual los taxistas, que con la crisis aseguran que la trampa crece. Y con ella, si nadie lo remedia, la mala imagen de Barcelona.

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