Inés Herrero

INÉS HERREROMartes, 17 septiembre 2019, 08:07

El pasado fin de semana, durante una escapada a Madrid con amigas, utilicé por primera vez las plataformas digitales de alquiler de vehículos con conductor (VTC), como Uber y Cabify. En Valencia suelo moverme en coche, autobús o taxi, pero de camino a Madrid un llamativo descuento para viajeros del AVE nos animó a recurrir a una de estas ‘app’, tan criticadas por taxistas como alabadas por los usuarios.

En un abrir y cerrar de ojos reservamos el desplazamiento, con descuento incluido, y quedamos con el conductor en las inmediaciones de la estación. Nos llevó sin más complicaciones que el tráfico habitual en la capital, con rutas diferentes y precios similares para cada uno de los tres vehículos contratados. En general, fue un estreno en el mundo de las VTC bastante positivo.PUBLICIDAD

El sábado por la noche, parte del grupo viajó en taxi y el resto en VTC, sin diferencias destacables en términos de calidad del servicio, tiempo ni coste, con menos de un euro de variación.

Para volver a casa, sin embargo, la cosa se complicó. Domingo por la tarde, Madrid se preparaba para el final de la Vuelta y a la alta demanda de servicios de transporte se sumó el incipiente colapso por los cortes de tráfico.

Nos repartimos entre un taxi y dos VTC, pero una acabó cancelando el servicio. Al llegar a Atocha tras un sinfín de desvíos, comentábamos la ventaja de viajar a precio cerrado en esas situaciones. No obstante, poco después comprobamos que cada taxi costó unos nueve euros y el trayecto en VTC, reservado por esa misma cuantía, casi quince. Adiós a la supuesta ventaja. Al reclamar, la ‘app’ nos devolvió los seis euros cobrados de más, aunque eso no evitó la sensación de engaño entre quienes nos preguntábamos qué esconde su letra pequeña y cuánto dinero obtienen de quienes no reclaman.

Publicado por Las Provincias.