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Una de las cuestiones de fondo en la polémica que envuelve al sector del taxi, primero con el reloj horario y ahora con la tarifa plana de 20 euros desde el aeropuerto de Manises, se encuentra en la concesión de licencias, que en los últimos años ha aumentado pese al evidente descenso de actividad por la crisis económica.

Así lo evidencia el anuario estadístico, con un total de 2.835 licencias en 2012, una cifra muy similar a la de 2009, cuando se alcanzaron los 2.816 permisos. Las paradas están llenas (sólo hay espacio en las asignadas en la ciudad para algo más de 800 vehículos), mientras los que se arriesgan a gastar combustible para buscar a los clientes pasan horas recorriendo la ciudad sin carga.
Así las cosas, cualquier novedad por parte de la Administración es recibida con escepticismo o una crítica abierta, como ha sido el caso de la tarifa plana. Los conductores que trabajan en el aeropuerto de Manises (entre 600 y 700 según las rotaciones, indica la asociación), han convocado una serie de concentraciones entre los días 20 y 24.

El objetivo no es otro que impedir que los viajeros que lleguen en avión puedan coger un taxi en la parada durante todo el día. Así de claro, si no lo impide la Policía Nacional. La Delegación del Gobierno ya está informada de estos actos de protesta, que se retrasaron una semana precisamente para cumplir la obligación de comunicarlo con diez días de antelación.

Las 108 paradas de taxi se concentran principalmente en Ciutat Vella, Campanar y Quatre Carreres. La asociación de comerciantes del centro pidió hace meses que se permitiera el uso de estos estacionamientos para carga y descarga, en el caso de que no fueran utilizados. Por desgracia para el sector, la realidad es que la inmensa mayoría están repletas de chóferes, que ahorran así en gasóleo. Una de las críticas ante esta situación ha sido que la Policía Local multa a los que están aparcados fuera de los límites, lo que les obliga a dejar la fila e internarse en el tráfico.

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