@Enric_Hernandez

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Hecha la ‘app’, hecha la trampa
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Bajo el moderno y beatífico paraguas de la economía cooperativa no es buen rollo y fraternidad todo lo que reluce. Entendámonos. Si cada día transporto a un compañero de trabajo en mi vehículo y ambos compartimos gastos de combustible y peajes, eso es cooperación. Si fijo una tarifa para trasladar al resto de mis compañeros y así ganarme unas perrillas, eso empieza a parecerse a un negocio. Pero si me dedico profesionalmente al transporte de pasajeros, anunciando mis servicios en el diario o en internet, eso es una estafa en toda regla. Prestar un servicio regulado y sujeto a tributación burlando las normas y sin pagar impuestos tiene un nombre: competencia desleal.

El sector del taxi, castigado como tantos otros por la crisis pero con problemáticas específicas como la inseguridad, siempre ha sido terreno abonado para la picaresca. Desde el arrendamiento del vehículo a conductores sin licencia hasta el pago de comisiones a los porteros de hotel, sin olvidar los largos rodeos con que a veces se obsequia al turista despistado. Quizá por ello, los taxistas están bien organizados para hacer valer sus derechos, sea frente a la clásica piratería sobre ruedas o ante iniciativas más sofisticadas. Ahora se han levantado en armas contra Uber, la aplicación para móviles que pone en contacto a los clientes, deseosos de ahorrarse unos euros en el transporte, con conductores pirata que, acuciados por la necesidad, tratan de ganarse la vida con sus coches particulares.

Formalmente, la actividad de intermediación que desarrolla Uber puede ser legítima, ya que cobra por tarjeta y, en principio, sus ingresos no son opacos para el fisco. Pero bajo esa coraza se oculta un negocio basado en el intrusismo profesional y en la elusión de impuestos. Gracias a la conectividad en movimiento, Uber hace un negocio legal basado en prácticas irregulares. Hecha la app, hecha la trampa.

La vitola cooperativa

Los defensores de la economía cooperativa no deberían tolerar que fenómenos como Uber se adjudicasen esa vitola. Mañana, otro pícaro de la jungla digital podría arruinar las empresas donde trabajan y dejarlos de patitas en la calle.

Publicado por el periódico.