R. R. GARCÍA

redacción / la voz  

Uber, la compañía estadounidense que conecta a través de una aplicación en Internet vehículos particulares con pasajeros, perdió esta semana su primera batalla legal en España después de que un juez de Madrid suspendiese de forma provisional la actividad de la empresa en todo el territorio nacional. Pero esto no significa que la guerra que enfrenta a la plataforma con los taxistas haya terminado. Más bien al contrario, es el principio. A los juzgados aún deberá llegar la demanda completa que presentarán los taxistas contra Uber y, a partir de ahí, comenzará un juicio que se adivina largo. Pero, mientras tanto, el servicio estará parado en Madrid, Barcelona y Valencia, donde operaba hasta que el magistrado dictó su auto, y no podrá abrir en otras ciudades.

La respuesta a esta pregunta es la auténtica cuestión de fondo que se tendrá que dirimir en cuanto comience la verdadera batalla legal. Para empezar, la empresa niega la mayor. «Uber no se dedica al transporte de viajeros, sino que pone en contacto a particulares con particulares para que se beneficien mutuamente», alega un representante de la firma en España. Si esta tesis triunfa, no habría competencia desleal y Uber tendrá el camino allanado. Pero no lo tendrá fácil, porque, como explica Carlota Zapata, experta en transporte de Legalitas, ««Uber, a diferencia de Blablacar, no pone en contacto personas para compartir gastos, ya que el conductor cobra una remuneración por su servicio».

Determinar cuál es su actividad real y demostrarlo es lo que tendrán que dirimir los jueces. Uber se resguarda en la idea de que ofrece un transporte privado particular, pero según el artículo 101 de la ley 16/1987 de transportes, esta modalidad solo implica desplazamientos «de carácter personal o doméstico del titular del vehículo», sin que exista remuneración.

Para ser conductor de Uber basta con tener el carné y el seguro del coche. Por el contrario, los taxistas, un sector muy regulado en España, deben contar con licencia VTP, vehículo bajo autorización administrativa, pago de impuestos, seguro extra y conformidad con las tarifas de pago regladas por cada comunidad, entre otros requisitos mínimos.

Uber presumía de ello en Estados Unidos e incluso cobraba un suplemento por seguridad que ahora dos fiscales aseguran que es un engaño. No revisan suficientemente los antecedentes penales de sus conductores. Un ejemplo es la violación de una mujer en India y un ataque sexual sufrido por otra en Chicago.

Uber podrá perder en España, pero los expertos apuntan a que el sector del taxi tampoco quedaría del todo indemne. Una mayor liberalización del sector podría ser la puerta abierta. La innovación llegó para quedarse, aunque siguiendo las reglas

Publicado por la voz.