Cómo Airbnb y Uber son una amenaza para el mercado

Sara Eckel
BBC Capital

noviembre 2014

Hace pocos años un evento grande en Saskatoon, Canadá, solía significar un aumento de ingresos para la posada campestre Chaplin.

“Estoy a unos diez minutos de la ciudad y muchas veces recibía a los clientes que no encontraban cupo en hoteles y pensiones”, cuenta su propietaria Kathy Chaplin.

Esos días se acabaron con la creciente popularidad de la página para compartir alojamiento Airbnb.

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Una búsqueda reciente en ese sitio arrojó 48 opciones para quedarse en Saskatoon, desde una casa completa de tres habitaciones, a US$184, hasta el alquiler de un sofá en la sala del dueño (trayendo saco de dormir y almohada) por US$41.

En los dos últimos años Chaplin ha experimentado un caída del 30% en su negocio.

Explosión compartida

La economía compartida de empresas como Airbnb, Uber (transporte) y TaskRabbit (servicios) ha sido elogiada por permitir conectar directamente a vendedores y consumidores, saltándose a las grandes corporaciones.

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La persona que alquila una habitación o un asiento en su automóvil obtiene un ingreso adicional y el cliente ahorra dinero. Un triunfo tanto para pequeños comerciantes como consumidores.

La economía compartida ha sido elogida por eliminar el intermediario.

O eso parecía al principio. Sin embargo, el cambio no solo afecta a los magnates de la hostelería y transporte.

Los dueños de hostales, taxistas y otros profesionales sufren pérdidas y se quejan de que pagan impuestos y licencias, y cumplen con regulaciones que sus novatos competidores pueden evitar.

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“Para mucha gente es un trabajo a tiempo completo y, si no tienen suficientes clientes, se quedarán en la calle”, apunta el economista de la Universidad de Londres, Guy Standing.

Cambio de ramo

En San Francisco, California, los servicios de compartir autos como Uber, Lyft y Sidecar han diezmado a las compañías de taxis.

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Un informe de la Autoridad Municipal de Transporte reportó una caída del 65% en los desplazamientos en taxi entre enero de 2012 y julio de 2014.

Luego de 33 años como taxista Barry Korengold contempla dejar su profesión, tras experimentar una caída del 50% en sus ingresos desde enero de 2013.

En julio pasado, los residentes de un edificio protestaron contra los desalojos supuestamente ejecutados para el desarrollo de un edificio por parte de Airbnb en San Francisco.

“No es agradable pensar en otra carrera cuando tienes más de 50 años”, dice, añadiendo que otros colegas están en una situación incluso peor.

“Una gran cantidad no pueden alimentar a sus familias o pagar sus rentas”.

Y Korengold reacciona con sorna ante la idea de que todos pueden terminen trabajando para Uber o Lyft.

“Es un poco como Wal-Mart. Llegan y dejan sin ingresos a los pequeños negocios y entonces todo el mundo tiene que trabajar en Wal-Mart”.

Condiciones iguales

Los profesionales afectados por los negocios habilitados por aplicaciones dicen que no se oponen a la competencia, pero critican la falta de igualdad de condiciones.

Korengold dice que en su ciudad las licencias para taxis cuestan US$250.000 y el seguro está entre US$8.000 y US$10.000.

Los vehículos además deben ser híbridos o de combustible alternativo, un costo adicional aproximado de US$10.000 que no pagan los conductores que comparten sus autos.

Hoda Mohtar, propietario de Les Diplomates Executive Suites, una posada ubicada en Waterloo, Canadá, señala que adicionalmente a pagar 13% en impuestos, tiene gastos por tener registrado y asegurado su local de cuatro habitaciones.

Ha habido protestas contra aplicaciones como Uber en varias ciudades del mundo, incluido Río de Janeiro.

“Nosotros hacemos todo según las reglas y otros simplemente hacen negocio”, dice Mohtar. “Yo no quiero impedir que se haga dinero en la economía compartida. Pero es peligroso que no paguen impuestos, ni estén legislados, ni sean inspeccionados”.

Varios de los anfitriones de Saskatoon en Airbnb fueron contactados para este artículo, pero no quisieron ser entrevistados o no respondieron a tiempo a nuestra solicitud.

Debbie Judt, propietaria de la pensión Glacier Park B&B Saskatoon, comparte la preocupación de sus colegas, pero aclara que no tiene problemas con el sitio.

De hecho, cerca del 5% de su negocio le llega por estar en Airbnb. “Quería tener publicidad en una de los mayores sitios de anuncios en el mundo”, explica.

Adaptación municipal

Eric Brousseau, profesor de Economía y Gerencia de la Universidad París-Dauphine, Brousseau, dice que la economía compartida está aún en pañales y cree que, a la larga, será alcanzada por las regulaciones.

Destaca Brousseau que cuando los agricultores franceses comenzaron a abrir posadas podían hacer cualquier cosa. Sin embargo, ahora sus establecimientos están sujetos a normativas como cualquier hotel.

Los taxistas alegan que hay una competencia desleal por parte de quienes comparten sus autos a través de Uber.

“Creo que al final tendrás control de la entrada al mercado, simplemente porque es necesario”.

Y es algo que ya está pasando. En EE.UU., por ejemplo, el Procurador General del Estado de Nueva York, Eric Schneiderman, emitió un informe declarando que el 72% de los alquileres en la ciudad de Nueva York son ilegales pues violan una serie de leyes.

En San Francisco y en Portland Airbnb ahora recauda impuestos de ocupación para sus anfitriones, debido a la presión de grupos defensores del derecho a la vivienda y asociaciones de vecinos que piden una legislación más estricta.

En Madrid, España, los conductores de Uber que recogen pasajeros sin tener licencias profesionales enfrentan multas de hasta US$22.500.

Y después de que un tribunal alemán prohibió UberPop en Berlín y Hamburgo, la compañía de compartir autos bajó su tarifa a US$0,44

Un dictamen posterior permitió que siguiera operando porque consideró que esas tarifas solo cubrían el costo de mantener el auto y no dejaban ganancias.

En otras palabras, realmente tiene que ser para compartir.

Nuevo modelo

Pero Standing considera que hay un problema mayor por un cambio fundamental en la forma de manejar el empleo en todo el mundo.

Apunta el economista que en el pasado los profesionales de toda índole, ya fuesen taxista o abogados, regulaban sus propias industrias fijando normas, salarios y sistemas de entrenamiento.

“Esos viejos modelos de los gremios que existieron por cientos de años han pasado gradualmente a ser controlados por intereses comerciales”, indicó Standing.

Y agrega que desde hace años las firmas deoutsourcing, bienes o servicios de proveedores externos, han estado subastando empleos desde telemercadeo hasta contaduría al postor más bajo en el mercado global.

Salida creativa

No se trata de un problema nuevo para los profesionales creativos.

Escritores, fotógrafos y disc jockeys, entre otros, han visto como la tecnología ha permitido que competidores aficionados bajen los precios en la última década.

También los fotógrafos, entre otros profesionales, han tenido que adaptarse a la competencia facilitada por la tecnología.

A comienzos de la década de 2000, el fotógrafo deportivo británico Gareth Jones se ganaba cómodamente la vida tomando fotos especialmente en partidos de rugby.

Su volumen de trabajo le permitía subcontratar a otros cuatro colegas.

Todo comenzó a cambiar alrededor de 2007 cuando la proliferación de sitios para compartir fotos se combinó con el bajo costo de las cámaras y la mayor calidad de los equipos.

El mercado se inundó con aficionados que venden sus fotos por muy poco –o gratis– o las colocan en sitios públicos para que cualquiera las use.

“Digamos que en un partido de rugby de cientos de fotografías que toman dos están bien. La gente se contenta con eso”, señala Jones quien vio caer su negocio significativamente.

Obligado a cambiar, ahora fotografía eventos que requieren un mayor grado de profesionalismo, como competencias de gimnasia y carreras de ciclismo, y puede ofrecer mejor material que sus rivales.

“Ojalá sea lo que separe a los profesionales de los aficionados bien intencionados”, dice.

En cualquier caso Jones no guarda rencor. “Uno no puede detener cosas como esa. A veces es mejor adoptarlas”.

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