Una mujer entra en un Cabify en una imagen promocional de la compañía Cabify

Cuando vio el reloj se dio cuenta que el Metro acababa de cerrar. Marta G. estaba cansada tras asistir a la presentación de un libro la noche del pasado sábado. Después del acto, ella y un amigo de Granada que hacía mucho que no veía, habían decidido tomarse unas copas por el barrio de Malasaña. Cansada, decidió volver a casa en Cabify, aplicación que había usado en más de una ocasión.

Aquella noche, el servicio ya empezó torcido. Pese a ponerle en el móvil que el conductor estaba a menos de 100 metros de distancia, el coche tardó en llegar media hora. «Podía haberme llamado para dar explicaciones pero cuando llegó ni una disculpa ni nada, solo que se había perdido», contaba Marta. El conductor de Cabify era joven, entre los 27 y los 30 años y desde el principio se mostró muy dicharachero según la usuaria.

Pasado un tiempo, las preguntas del joven pasaron de la osadía a la mala educación. «¿Tienes pareja?, ¿Hace cuánto no te acuestas con nadie?», fueron algunas de ellas manifestaba Marta G.. Ella le respondía que no era de su incumbencia pero creía que la situación no pasaría del mero ‘parloteo’. Entonces el chico le propuso parar un minuto para «tirar unas botellas de agua y comprar tabaco» a lo que ella se negó.

De las palabras, el conductor pasó a los hechos y, siempre según cuenta Marta, comenzó a «ponerle la mano en la rodilla y a intentar sobarla». Ella le pidió parar en el siguiente semáforo y al ver que él no lo hacía y le bloqueaba las puertas de salida, comenzó a gritar y a patear las puertas con las botas que llevaba puestas. Parecía que esa explosión, iba a hacer reaccionar al joven ya que aminoró la marcha pero, pese a detener el manoseo, le espetó si no “quería ver una buen miembro y no una de esas pequeñas que tienen los de su edad” (ella tiene 22 años).

Cada vez más asustada, la joven cogió su teléfono móvil lo que fue el detonante que provocó que el joven la permitiera salir del coche. “Me empujó, me insultó y me escupió, que es lo que más me dolió, mientras se sacaba el pene”, comentaba Marta.

Al llegar a casa en un taxi que tuvo que coger tras abandonar aquella pesadilla, Marta le contó lo sucedido a su padre quien la acompañó a la comisaría del distrito de Chamartín para depositar la consiguiente denuncia por los hechos acaecidos.

Además, Marta también contactó con la empresa Cabify para poner en su conocimiento la conducta de uno de sus conductores. La respuesta de la compañía fue que «trasladarían el incidente a su departamento de Calidad de Conductores con el objetivo de que puedan tomar las medidas necesarias». Le aseguraban también que «no se repetirán situaciones similares». Por último, le reembolsarían el servicio de esa noche así como le ofrecían un código promocional para «disfrutar de un descuento del 15% con un tope de 50 euros en los próximos tres viajes (válido por un mes desde que lo valides y para una sola cuenta».

En relación al interés que han mostrado diversos medios por la noticia, Cabify ha respondido que «el conductor está suspendido del servicio y que la compañía está trabajando en esclarecer los hechos lo antes posible». Dicen desde Cabify que se han puesto en contacto con la usuaria en dos ocasiones para expresarle su solidaridad y su protocolo de actuación. La primera fue el ofrecimiento que hemos citado y la segunda ocasión resultó ser cuando la noticia estalló en los medios de comunicación.

Publicado por el Mundo.