En un sector hiperregulado permitimos que entren unos competidores a los que se les exigen muchos menos requisitos y se quedan con el mercado. Es el neoliberalismo, libertad para las grandes empresas, cadenas para el empleadoJavier Gallego

28/01/2019 – 21:00h

No es sólo la defensa del mundo del taxi lo que se juega en la huelga de taxistas, es la protección de los trabajadores frente las empresas tecnológicas que los explotan. No se trata de negarse a las nuevas plataformas digitales (que el taxi también utiliza, por cierto), se trata de ponerles límites para que no abusen del trabajador, primero, y del cliente, después, cuando se han hecho con el pastel. Es la misma lucha de los empleados de Amazon o los riders por contratos justos y de los vecinos contra el alquiler turístico que les expulsa de sus barrios. Es la resistencia contra la “uberización” de nuestras vidas.

La comparativa no deja lugar a dudas. Los conductores de VTC trabajan unas 60 horas semanales y son mileuristas, aunque facturan para su empresa entre 3.500 y 4.000 euros. La mayoría de taxistas trabajan el mismo tiempo y facturan unos 2.500 euros para sí mismos. Sólo unos pocos empresarios acumulan todas las licencias VTC. La mayor parte del taxi (más del 60%) tiene su propia licencia, que además es un salvavidas. Los taxistas gozan de un sistema fiscal ventajoso, los conductores de VTC, no. Pero sus empresas, sí. Tienen IVA reducido y en el caso de Uber tributan la mayor parte fuera.

Es lo de siempre. Imponer un sistema de trabajadores precarios al servicio de unos pocos multimillonarios. Cómo se consigue. Muy fácil. En un sector hiperregulado, la Administración permite que entren unos competidores a los que se les exigen muchos menos requisitos, les damos más licencias de las que la ley marca y la demanda aguanta, les permitimos libertad de precios y salarios, revientan a la competencia y se quedan con el mercado. Es el neoliberalismo, amigo, libertad para las grandes empresas, cadenas para el empleado.

En el taxi también hay explotadores y especuladores que se enriquecen con las licencias. Los taxistas no tienen razón en todo. Evidentemente tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias y empezar a ofrecer un mejor servicio al cliente, más cómodo y fiable, pero no puede ser a costa de que siempre paguen los mismos, los curritos. Por eso, la guerra de los taxistas nunca debe ser contra los chóferes de VTC y agredirles deslegitima su protesta. Lo realmente subversivo sería que ambos se unieran para exigir unas condiciones que nos protejan a todos, incluido al consumidor.

Hay que reírse de estos nuevos futuristas a los que se les llena la boca con la palabra “modernidad” en defensa de las nuevas plataformas. Lo que quieren estos taxidermistas es disecar al trabajador para uberizarle. No es nada moderna la explotación. Lo moderno es la igualdad, condición sin la que no puede haber libertad: eso es lo que mide el progreso de una sociedad y la responsabilidad de asegurarla es de los poderes públicos, que no lo están haciendo.

Publicado por diario 16.