Mientras en España el decreto-aprobado por el Ministerio de Fomento el año pasado, que facultaba a las comunidades autónomas a regular la actividad de las VTC, dejaba una situación de ‘stand by’ que ha acabado con las protestas actuales en Madrid o Barcelona, Nueva York se convertía en la primera gran ciudad en tomar la decisión de limitar las licencias de compañías como Uber o Cabify.

Así, su ayuntamiento aprobaba un proyecto de ley para restringir durante un año la emisión de nuevas licencias de VTC, un periodo de tiempo en el que estudiará el impacto de este servicio en el sistema de transporte urbano. Se trata de una petición reclamada por la Alianza de Trabajadores del Taxi de Nueva York desde 2015, debido al auge de las VTC desde ese año: 130.000 vehículos frente a los 13.500 taxis amarillos.PUBLICIDA

Algo similar sucede en las grandes ciudades europeas, donde el número de licencias VTC supera con mucho al de los taxis. Por ejemplo, en Londres las primeras cuadruplican a las segundas. La gestora pública del transporte rechazó en 2017 renovar el permiso de Uber al considerar que no reunía los requisitos de seguridad pero en junio del año pasado los tribunales británicos le otorgaron un permiso provisional para seguir operando en la capital británica durante 15 meses.

En Francia, los taxistas protagonizaron numerosas manifestaciones hace unos años y mientras los ayuntamientos establecen un número limitado de taxis, no ocurre lo mismo con las VTC. Precisamente el país galo tuvo que retirar su propuesta de los 15 minutos de precontratación que ahora plantea Barcelona por ser anticompetitiva.

Publicado por Las Provincias.