CRONICA Uber y la guerra del taxi Los ‘pesetas’ contra los ‘mugres’

Acompañamos a un taxista que se hace pasar por cliente para ‘cazar’ a chóferes de Uber Esta semana los taxistas han quemado dos coches de la ‘app’ en Barcelona El...
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Acompañamos a un taxista que se HACE pasar por cliente PARA ‘cazar’ a chóferes de Uber

Esta semana los taxistas han quemado dos coches de la ‘app’ en Barcelona

El ‘trofeo’ de Santiago: un ex escolta del País Vasco en paro

Once de la mañana del lunes. En una esquina del Retiro, Santiago busca un coche que le lleve a la Terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Aunque podría coger un taxi, prefiere recurrir a Uber: la exitosa -y polémica- app de transporte ENTRE particulares. Su idea funciona: en cuatro minutos, aparece un impecable Ford Focus negro.

-Hola, soy Javier, de Uber-, saluda, con una sonrisa, el chófer.

Lo que Javier ignora es que acaba de caer en una trampa. Porque Santiago no es un cliente real, sino un taxista infiltrado. En Barajas, le aguardan dos colegas que han avisado a la Policía para que le empapele nada más llegar. Así, Javier se enfrenta a una posible multa de 6.000 euros por prestar servicios de transporte sin licencia.

La triquiñuela forma parte de la campaña de los taxistas contra Uber. Este sector -los Pesetas, como se les conoce despectivamente- quiere liquidar esta app que pone en CONTACTO a particulares con chóferes alegales. En la jerga del taxi, los Mugres.

Todo vale en esta guerra de Pesetas contra Mugres: denuncias, manifestaciones multitudinarias, lobby a políticos… Incluso violencia: este martes, dos vehículos de Uber amanecieron incendiados en Barcelona. “Condenamos totalmente la quema de coches, pero ya avisamos a las autoridades de que la situación se les ESTÁ yendo de las manos”, denuncia Alberto Álvarez, portavoz de la asociación de taxistas Elite, la más combativa contra la aplicación.

Pero algunos taxistas usan una táctica más sibilina: hacerse pasar por clientes de la app para identificar al enemigo. Luego cuelgan sus fotos en internet, pasan los DATOS a la Consejería de Transporte o, directamente se chivan a la Policía. Sólo en Madrid, donde la empresa empezó a operar en septiembre, medio centenar de taxistas, como Santiago, se dedican a infiltrarse en Uber.

-Algunos le tacharán de justiciero…- le decimos antes de acompañarle en su cacería de hoy.

-No lo soy -se defiende-. No vamos a reventarle las lunas ni a agredirle. Sólo ayudaremos a que la policía haga cumplir la ley.

El semáforo se pone en verde. Javier, un afable cuarentón, mete primera en su Focus y cuenta que se apuntó al negocio hace tres semanas, en cuanto el servicio aterrizó en Madrid. La app le ofreció un alivio a los aprietos económicos que padece desde 2010, cuando perdió su trabajo de escolta en el País Vasco. «Era un buen EMPLEO, estaba bien pagado… Pero aquello se acabó», explica nostálgico.

El final de la violencia etarra le dejó en paro. Desde entonces, le ha resultado imposible recolocarse. Ha INVERTIDO sus ahorros en un negocio de distribución online, pero necesita un sobresueldo. “Lo hago para ir tirando”, se justifica.

En su primera semana, le sorprendió la cantidad de pasajeros que le llamaron. Después, la demanda cayó por la mala prensa de la app. Pero, estos días, ha vuelto a repuntar… aunque Javier responde con evasivas cuando se le inquiere sobre cuántos trayectos hace al día o cuál es su FACTURACIÓN media.

-Los taxistas les acusan de competencia desleal…

-No saben adaptarse a las nuevas tecnologías. Se quejan de todo: del precio de la gasolina, de que las tarifas son bajas, ahora de Uber… Lo siento, pero tienen que modernizarse-, replica, mientras Santiago, miembro de la junta directiva de la Federación Profesional del Taxi, se retuerce en su asiento.

-Ya, pero los taxistas argumentan que ustedes son más baratos porque no PAGAN impuestos…

-Yo pago todo: IVA, IRPF… No soy ilegal: doy un servicio y cobro.

Quince minutos después, el coche llega al aeropuerto. Javier se tensa cuando ve a un policía municipal. Al cabo de unos metros, aparecen dos inspectoras de transporte. Sus petos reflectantes confirman los temores del chófer, que aparca en el primer hueco que encuentra y, al despedirse, ruega: “¡Decidles que sois mis amigos!”.

Santiago muestra su móvil, con el que se hizo pasar por cliente de la ‘app’ para denunciar al conductor a la Policía. EL MUNDO
Demasiado tarde. Santiago se baja del coche y alerta a los agentes, que rodean al conductor. Uno de ellos le interroga por la ventanilla, a la caza de pruebas de que Javier acaba de prestar un servicio remunerado. Él se escabulle como puede: alega que es amigo de uno de los pasajeros y, sobre todo, niega haber cobrado: ha sido “un FAVOR de amigos”.

Esta treta suele bastar a los conductores de Uber. Es difícil demostrar que se ha producido una transacción económica. Sin embargo, el agente cuenta hoy con un arma secreta: el testimonio del pasajero -el taxista infiltrado- quien confirma que ha CONTACTADO con el conductor a través de la app. Y muestra pantallazos del móvil como prueba.

Otras veces, los municipales deben tirar de oficio para detectar a los ubers, cuyos coches no llevan ningún distintivo visible. Sobre todo, desconfían de los conductores que no se apean para despedir a los pasajeros. “Es raro que lleves a un amigo al aeropuerto y ni siquiera le dés un beso o un abrazo, explican.

Pero los infiltrados facilitan su labor. Y eso que la legalidad de esta práctica es borrosa: a fin de CUENTAS, los taxistas incitan al conductor al cometer la infracción que luego denuncian. «Es que están hartos», les justifica el agente. «Creen que es la única forma de pillarles: es como encontrar una aguja en un pajar».

Tanto la policía como los inspectores TIENEN órdenes de actuar contra Uber. La semana pasada, la Consejería de Transporte madrileña abrió el primer expediente a la empresa, que se enfrenta a una multa de 18.000 euros. También actuó contra un conductor al que pilló en Barajas, cuya sanción alcanzaría los 6.000 euros, que se convertirían en 18.000 si es reincidente.

Así, Madrid sigue los pasos de Barcelona, donde Uber aterrizó en abril. Los taxistas estiman que la app superó los mil conductores este verano. Pero las cifras han caído en los últimos meses por la acción de las autoridades, que han abierto más de 100 expedientes, y también por el acoso de los taxistas. De hecho, los Pesetas manejan listados con el NOMBRE, la matrícula y el teléfono de sus competidores, que usaron para ubicar los dos coches que quemaron este lunes.

“A mí me han pinchado las ruedas, me han roto las lunas, ¡saben hasta dónde vivo!”, se lamenta Iván, un parado barcelonés que ha tenido que dejar Uber por la presión de los Pesetas. “Recibí llamadas diciéndome que me iban a quemar el coche… A partir de AHORA, lo voy a aparcar lejos de casa, por si acaso”.

Pese a todo, Uber mantiene su plan de expansión. Un par de vehículos quemados no van a amilanarles. Tampoco las sanciones: ha presentado recursos contra todas, tanto las suyas como las de sus chóferes. Y ha confirmado que, antes de 2015, operará en más ciudades españolas, además de Madrid y Barcelona. En Europa, ya funciona en más de 30.

De vuelta a Barajas, los agentes dejan marchar a Javier. Mientras, el infiltrado Santiago celebra la caza del Mugre junto a sus dos compañeros. “No me siento mal por engañarle: él estaba dispuesto a cometer una infracción, ya fuera conmigo o con otro pasajero”, se justifica.

-Pero es una persona con apuros económicos… ¿No tiene derecho a ganarse la vida como PUEDA?

-Ya, pero entonces el que acaba en la calle soy yo, que hipotequé mi casa para PAGAR los 150.000 euros de la licencia del taxi. Yo lo siento si le sancionan, de verdad. Pero la guerra es as

publicado por infotaxi